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Los tres filtros

La proximidad a las fiestas navideñas despierta en la mayoría de las personas sentimientos de amistad, solidaridad, paz, y amor. Sin embargo, esa gente que fraternalmente reparte felicitaciones, besos y abrazos a diestro y siniestro durante estas fechas, cuando las conmemoraciones acaban suelen volver a su intolerancia y egoísmo de siempre. ¿De qué sirven entonces tantos y tantos buenos propósitos? Esta actitud de efusividad y camaradería es como el champán, al poco de verterlo se queda sin las burbujas.

Es curioso, incluso entre los más allegados, como las injurias, la maledicencia y el “piensa mal y acertarás”, se han transformado en algo demasiado común, siendo éstas las causas de los enfrentamientos y rupturas.

Recuerdo una historia que viene muy bien al caso. Se titula: Los tres filtros, y dice así:

Un joven discípulo de un filósofo sabio llegó a casa de éste y le dijo:

—Maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia.

—¡Un momento! —lo interrumpió el filósofo. —¿Ya pasaste por los tres filtros lo que vas a contarme?

—¿Los tres filtros?

—Sí. El primer filtro es el de la verdad. ¿Estás seguro de que lo que me quieres decir es absolutamente cierto?

—No. Lo oí comentar a unos vecinos.

—Al menos lo habrás hecho pasar por el segundo filtro, que es el de la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?

—No, en realidad no. Al contrario.

—¡Aha! Por lo menos lo habrás pasado por el tercero, ¿no? El filtro de la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?

—A decir verdad, no.

—Entonces, dijo el sabio sonriendo, si no sabes si es verdadero, si no es bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.             

De verdad, que si las personas pasaran por los tres filtros esos comentarios que hacen de terceros, otro gallo cantaría. Se evitarían chismorreos innecesarios, se eliminarían los falsos testimonios, y se dejaría de verter negatividad sobre personas inocentes y sobre uno mismo (ya que ésta es de ida y vuelta). Si de verdad quieres vivir en armonía con tus semejantes, especialmente con tu familia, amigos y compañeros de trabajo, es necesario realizar algunos cambios en el comportamiento cotidiano.

En éste artículo, quiero proponer ese cambio de actitud y de valoración que se hace de los demás, especialmente cuando la relación con ellos es tensa y distante, por el juicio que frecuentemente se hace de ellos. Este mundo necesita mucha más armonía, y de cada uno de nosotros depende que sea así, para que los buenos ideales de Navidad no caigan en saco roto

Es demasiado común escuchar argumentos como: “Es que no se puede hablar en él (o ella), es un estúpido y un engreído”. “Jamás nos entenderemos, tiene un carácter insoportable”. O cualquier otra frase de contenido similar.

Que pienses bien o mal con respecto a otra persona no quiere decir que estés en lo cierto. Un principio de PNL es que el mapa no es el territorio, o lo que es igual, las valoraciones que se hacen de las cosas puede no ajustarse a la realidad, no tiene por qué ser verdad. Siempre hay diferentes perspectivas para juzgar un hecho o una persona. Un signo evidente de inmadurez mental es la rigidez. El principio de cibernético de que el elemento con mayor número de alter-nativas controla el sistema, es aplicable aquí con toda su potestad.

Para no caer en el error de creernos en posición de la verdad absoluta, para adquirir mayor flexibilidad, es preciso aprender a utilizar las diferentes perspectivas mentales. Éstas son las diferentes formas de analizar, experimentar o vivir cualquier experiencia o de llevar a cabo cualquier juicio. Se trata de la opción que cada uno de los seres humanos tiene para poder situarse en los espacios mentales más idóneos en cada momento. Esto es algo que comúnmente realizan muchos de los adultos. Pero a pesar de ello, también son muchos los sujetos que quedan atrapados en una u otra de esas perspectivas  impidiendo nuevas elecciones, y como consecuencia de ello, generando distorsiones en la observación de cualquier conflicto, que dan como resultado situaciones de tensión, agresión o estancamiento.

En realidad, vivir y experimentar la vida es elegir la mejor opción mental para el momento.

Los tres puntos de vista básicos para una correcta evaluación de las experiencias son:

El “yo mismo”, desde mi propio punto de vista. En la primera posición, se adopta el papel de actor protagonista. Ves, oyes, sientes con toda tu sensibilidad y valoras la situación desde un plano subjetivo y personal.

El segundo es “el otro”. Se trata de ver la vida desde el punto de vista de la otra persona. Es como si te metieras en «en sus zapatos». Al introducirte en “la piel del otro”, tú te encuentras valorándote a ti mismo como lo haría otra persona, distanciado de tus propias historial para saber cómo te perciben los demás. Ésta es una posición mental muy interesante para poder comprender correctamente las relaciones interpersonales, para darnos cuenta que los otros también tienen sus «razones», que son tan buenas (o malas) como las nuestras, y que no somos tan maravillosos como creemos. Este punto de vista es sin duda, un requisito sine qua non para establecer y mantener unas relaciones fluidas y alcanzar un  liderazgo eficaz. ¿Cómo si no podrías comprender las necesidades reales de los otros, su valía, las alternativas de que disponen, sus creencias, expectativas, principio, etc., si no entras en su mundo interno? La segunda posición mental cumple una doble función, por un lado te conduce al mundo interno de los otros, para comprenderlos; y por otro lado, permite que te des cuenta y asumas como te perciben y experimentan a ti los demás.

La tercera posición mental es la del “observador”. Desde ella serás capaces de mirar al “ti mismo” y al “otro”, como si fueses un espectador ajeno, como si la situación no tuviera que ver contigo directamente, sin implicarte emocionalmente en ella. Es apasionante esta capacidad que tenemos los seres humanos para poder colocarnos en la tercera posición perceptiva frente a nuestro propio “yo”, ante los “otros”, y frente a la situación que los relaciona. Ésta es una de las facultades que nos distingue de los animales, al permitirnos disociarnos de tal manera que podamos ser espectadores de nosotros mismos.

Ahora te propongo que pongas en práctica una simplificación de una técnica que utilizando las diferentes perspectivas mentales que acabamos de ver, con el propósito de que puedas resolver cualquier situación de conflicto que tengas con otra persona.

Esta es la secuencia:

Paso 1º. Identifica a una persona con la que tengas algún problema de comunicación, y que quieras resolver. Lo primero de todo es que debes situarte de pie en un espacio amplio donde te puedas mover. A continuación, visualiza frente a ti a la otra persona, como si estuviese ahí ahora. Una vez que consigas verla con claridad ante ti, adjetiva y comenta cómo ves a ésta otra persona: qué piensas de ella, qué aspectos de su personalidad dificultan la buena marcha de vuestra relación. (Por ejemplo: es maniática, orgullosa, testaruda, etc.)

Paso 2º.  Ahora desplázate  un par de pasos a tu derecha en una nueva ubicación en la que te puedas visualizar a ti frente a la otra persona, como si fueses el árbitro de una contienda. Es decir, desde este nuevo emplazamiento imaginarás a dos personajes delante de ti, uno que eres tú y otro la otra persona. Desde este espacio adjetiva tu propia conducta en relación con la otra persona. Por ejemplo: sin iniciativa, sumiso, apático, o, autoritario, inflexible, etc.

Paso 3º. Date cuenta ahora, viéndote a ti mismo frente al otro, cómo tu conducta provoca, dispara o refuerza la actitud del otro.

Haz una valoración de la relación. Aumenta o disminuye la intensidad de tu comportamiento y observa el posible resultado. Es decir, imagina como sería todo si tú tuviese más o menos iniciativa, sumisión o apatía, o fueses aún más autoritario, inflexible, o lo que sea.

Paso 4º. Habiendo visto lo anterior y como repercuten en la relación esos incrementos o disminuciones de tu proceder, piensa de qué otras formas podrías comportarte con el otro.

¿Si existen alternativas para ti, y qué es lo que ha impedido hasta ahora que cambies tu actuación en esta relación?

6º. Desde la posición de observador que ocupas, haz que “tú” adopte las nuevas actitudes encontradas.  Observa desde aquí los cambios producidos en el sistema.

7º. Vuelve a la posición original, vuelve a ser tú mismo teniendo en cuenta las últimas revisiones. Observa los cambios producidos en tus reacciones y tus puntos de vista sobre el otro y sobre la situación. Seguro que las circunstancias habrán cambiado.

Solo me resta desearte que tengas el arrojo de borrar tus diferencias con otros, para que entre todos podamos construir un mundo en el que “compartir” no sea una palabra vacía.

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